Me gusta escribir. Libros. Libros de informática. Y que los publiquen, eso también me gusta. Y me gusta enrear. Eso he hecho con los últimos cuatro libros que Anaya Multimedia me ha publicado, enrear un poco, lo que me ha permitido rendir homenaje a Tad Williams, el autor de la serie Otherland, a través de las dedicatorias. Porque también me gusta leer. Libros.
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"Al día en una hora: dibujos de fin de semana", por Rafael Fatuarte
Tengo el enorme placer de presentaros una de esas historias poco conocidas que, sin embargo, tan interesantes me parecen. Para que un libro de informática pueda llegar a nuestras manos antes ha de pasar por muchas otras como las de revisores, maquetadores… o ilustradores. Os dejo con Rafael Fatuarte, uno de los dos ilustradores de la colección Al día en una hora publicada por Anaya Multimedia.
Creo que fue a finales del verano del 94 cuando Joaquín nos propuso a Ramón Garrido y a mi realizar esos dibujos. Ramón Garrido y yo somos amigos. En aquella época teníamos una sociedad a través de la cual hacíamos diseños e ilustraciones por encargo. Bueno, también hacíamos más cosas. Pero esa es otra parte oscura de la historia, no viene a cuento ahora. Así que vayamos al grano.
Una mañana de sábado, Ramón, Joaquín y yo nos reunimos en un bar. Bueno, ya sabéis que para esto de los negocios, hay pocos sitios mejores. También nos podíamos haber reunido en el estudio de Joaquín, pero allí sólo cabían dos personas (y nosotros éramos tres). O en la biblioteca, pero allí no se puede hablar. Así que, casi sin otra elección, fuimos a un bar. Pedimos unas cañas y Joaquín comenzó a contarnos de qué iba aquello
En principio, lo que Joaquín Suárez nos acababa de proponer, nos pareció que era un trabajo de ilustración como tantos otros. Pero eso sólo nos lo pareció al principio…
El encargo nos lo hizo, más o menos, en los términos siguientes:
- Se trata de ilustrar una colección de libritos de informática que editará Anaya con el título de “Al día en una hora”, y a un precio muy reducido. La idea es hacer algo fácil de manejar, ameno y de lectura entretenida y breve, que realmente nos resuelva dudas sobre los temas tratados.
- Tendrán una encuadernación como la de los libros de bolsillo, y un formato parecido, pero algo más estrecho, para que quepan en el bolsillo trasero de unos vaqueros.
- El papel sólo permite imprimir en B/N. Cada librito se dedicará a un tema informático, y además, el autor elegirá otro tema en el que se “envolverá” la parte técnica, para darle personalidad.
- Vuestro trabajo consistirá en realizar cuatro dibujos para cada libro: un dibujo capitular, que encabezará todos los capítulos, y luego tres dibujos que serán los iconos general, truco y experto, que servirán para hacer las llamadas pertinentes en el texto. La “gracia” estará en que vuestros dibujos relacionarán de alguna manera el “tema del libro” con el “tema del autor”. Bueno y también deberéis diseñar la portada y contraportada que llevarán todos los libros de esta colección.
- Los dibujos serán el B/N y el tamaño al que se reproducirán los dibujos que representan los iconos será de unos 2x2cm. La técnica que utilicéis (imágenes vectoriales, mapas de bits, renderizados con ordenador, etc) es cosa vuestra.
Después de aquello, y aprovechando que Joaquín fue al baño, Ramón y yo comentamos que aquello era una locura, y nos tendrían que pagar mucho dinero para que aceptásemos aquel trabajo. No era fácil la cosa. A priori, lo que más nos mosqueaba era lo de “relacionar de alguna manera” los dos temas esos. Luego estuvimos discutiendo sobre las posibles técnicas a usar, sobre el tamaño de los originales, sobre la calidad final que le daríamos a los trabajos…
Cuando más enfrascados estábamos en nuestras elucubraciones, Joaquín volvió del servicio, y añadió: “El ritmo de trabajo dependerá de varios factores, pero calculo que tendréis entre dos y cuatro días para acabar los cuatro dibujos de cada libro”.
En ese momento, y teniendo en cuenta los plazos de trabajo que Joaquín nos daba, Ramón y yo nos miramos y de un plumazo se disiparon todas nuestras dudas. Casi sin hablar decidimos que haríamos los dibujos a mano, con tinta china, y de forma que nos cupiesen en una cuartilla.
Una vez determinado esto, ya sólo nos quedaba pactar el dinero por ese trabajo. Pero cuando Joaquín se hizo el remolón y dejó que pagáramos nosotros las cañas, tuvimos claro que tendríamos que revisar a la baja nuestras expectativas monetarias. Y para colmo, se comió el último cacho de tortilla…
Así que, al final, y después de darle muchas vueltas al asunto, ya sólo nos preocupaba lo de “relacionar de alguna manera” los dos temas esos. Pero en el fondo –muy, muy en el fondo- el trabajo nos agradaba. Principalmente por lo de hacerlo a mano. Porque habíamos, como aquel que dice, vuelto a nuestros orígenes.
Al acabar aquella reunión y antes de despedirnos, Joaquín, aún con la boca llena con el pincho de tortilla, nos propuso un ejemplo ficticio de “Tema del libro” y de “Tema del autor” para que le hiciésemos algunos dibujos de prueba. Durante el siguiente fin de semana, Ramón y yo estuvimos trabajando para realizar los primeros dibujos y someterlos a examen. Ese fue nuestro primer error; trabajar en fin de semana. Pero no fue el último. De hecho, ese mismo error lo volvimos a cometer a la hora de realizar los 46 libros de la colección. Por eso, nosotros a este trabajo le llamamos el de los Fines de Semana.
Ajustando
Afortunadamente, a todos les gustaron muchos nuestros dibujos de prueba. Les sorprendió que los hiciésemos a mano y con tinta china, en lugar de usar sofisticados programas de renderizado en 3D, y otras técnicas de ordenador, tal y como habíamos hecho hasta entonces. Pero nosotros teníamos nuestros motivos. El principal era el tiempo. Se necesitaba mucho tiempo para hacerlos. No para llevarlos al papel, que aunque esto también tenía su dedicación, no era lo que más nos preocupaba. Lo peor era concretar en un dibujo sin apenas detalle, eso que Joaquín había definido como la forma de “relacionar de alguna manera el tema del libro con el tema del autor”.
No penséis que exagero. Aquí van algunas muestras: ¿Cómo relacionar el tema de autor “El oeste” con el tema del libro “Los Mac”? O “Las obras de Enrique Jardiel Poncela” con “Sistemas operativos”. O “Las olimpiadas” con “Excel”. O “La vela” con “Paradox 5.0″. O “Star Trek” con “Visual Basic”… Como veis, algunos autores disfrutaban dificultando las cosas. Yo creo que por eso, Joaquín no nos decía quienes eran hasta que habíamos acabado los dibujos.
Pero así eran las cosas y precisamente en esa concreción de ideas es dónde teníamos que emplear nuestro tiempo. Por eso, nuestra cabeza siempre iba pensando en esos temas. Y aprovechábamos cualquier momento y cualquier soporte para apuntar nuestras ideas. Y luego hacíamos los dibujos durante el fin de semana. Aún conservamos curiosos bocetos hechos en servilletas, entradas de cine, papel higiénico, recortes de periódicos, lomos de libros… en fin, lo normal en estos casos.
En nuestra primera reunión seria de trabajo, y en vista de la que se nos venía encima, Ramón y yo decidimos organizarnos. No he dicho que lo consiguiésemos, pero la verdad es que lo intentamos aquella tarde. Como consecuencia de nuestros esfuerzos aunados, unos días después hicimos lo que, en ciertos entornos hoy en día se conoce como NAME (Nuestra Aportación al Mundo de la Estandarización), que consistió en crear unas plantillas para que todos los dibujos tuviesen el mismo tamaño, elegir un tipo de papel adecuado, y establecer el tipo, la marca y grosor de los rotuladores permanentes de color negro que usaríamos. Impresionante, ¿no?
Satisfechos por los resultados conseguidos, decidimos tomarnos el día libre y aquella tarde nos fuimos al cine. Bueno, esa tarde y otras muchas… salvo la de los fines de semana, que esas las teníamos que dedicar a dibujar.
Dibujando
No es broma. Durante mucho tiempo, así es como nos pasábamos los fines de semana: dibujando.
Pero durante la semana, también había que darle al coco. Y para ayudarnos en la ardua tarea, nos llamábamos por teléfono, angustiados, mirando de reojo las hojas del calendario que pasaban aun ritmo frenético:
- Oye Ramón, soy Rafa. Que a ver qué se te ocurre para el icono experto de “El golf” y “Word Perfect”. Es que estoy atascado. No sé si voy a llegar…
- Vale, pensaré en ello. Y a ver que se te ocurre a ti para el icono truco de “Refranes de animales” y “Open Access”. Por cierto: tenemos que llegar, así que no hay excusas.
Así eran nuestras conversaciones en aquellos días: frustrantes. Nuestras respectivas parejas estaban asustadas ante la actitud contemplativa que manteníamos la mayor parte del día. Cuando paseábamos íbamos absortos, pensando. Cuando comíamos, permanecíamos en silencio, pensado. Ya no hablábamos sobre aquel nuevo sitio para ir a coger espárragos o sobre el último cómic de Moebius. Y por fin, llegaba el viernes y entonces se disparaba nuestra actividad frenética. Nos pasábamos los fines de semana con el lápiz y el rotulador en la mano. Dibujando sin parar.
En algunas ocasiones, la cosa se complicaba tanto, que no éramos capaces de realizar un dibujo concreto a nuestro gusto. Entonces hacíamos varios sobre el mismo asunto y Joaquín decidía. En otras ocasiones, le pedíamos a Joaquín que nos diese el nombre del autor del libro, para hablar con él y robarle alguna idea. En esos casos, aprovechábamos y le mandábamos un recuerdo para su familia…
En cualquier caso, tengo que reconocer que era agradable sentir aquel alivio cada vez que entregábamos una tanda de dibujos.
Final
Y así iban pasando los fines de semana, hasta que un buen día, acabamos de ilustrar todos los libros. La colección había llegado a su fin, y también nuestro trabajo.
Casi dos años después de aquella primera vez, nos volvimos a reunir con Joaquín. Fuimos al mismo bar. Joaquín ya tenía un estudio mucho mayor, con capacidad para diez o doce personas. Y en la biblioteca ya eran más permisivos con lo de hablar. Pero qué se le va a hacer, nos gustaba más el bar…
Cerramos nuestras cuentas y nos dimos un apretón de manos, hasta que llegase el próximo trabajo en común. Esta vez, Ramón y yo estuvimos listos, y conseguimos que Joaquín pagase las cañas. Sin embargo, no sé cómo demonios se las apañó, pero de nuevo consiguió comerse el último trozo de tortilla.
Hasta hace unos días, todo esto que acabo de escribir, pertenecía sólo al ámbito de trabajo del grupo de neuronas que Ramón y yo tenemos dedicadas a rememorar esa época. Pero a través de un mensaje por el correo electrónico, Juan Diego –Andy-, nos pidió permiso para publicar en su blog los dibujillos que en su momento hicimos para el libro que escribió para esa colección titulado “Visual Basic”, y con el tema de autor de “Star Trek”. Como es un amiguete de los de la vieja escuela (de esos que están ahí cuando los llamas) y además es un buen tipo, le ofrecí buscarle los originales y enviárselos, para que los viese a su tamaño original. Aunque ahora que ya es papá, tiene otras cosas más importantes a las que dedicarse, pensé que podría gustarle.
Así que buscando en nuestro archivo (el que tenemos Ramón y yo con todos nuestros trabajos en común), concretamente en la carpeta de la “F” (ya sabéis, por lo de los Fines de semana), descubrimos que todos los dibujos de ese libro los hizo Ramón Garrido. Así que le llamé para consultarle todo esto, y de paso hablar sobre otros proyectos que tenemos ahora entre manos. Recordaba con agrado, igual que yo, aquellos dibujillos que tanta dedicación nos costaron. Y accedió encantado a que le enviase esto a Andy. Ramón no llegó a concretarme si tuvo o no muchos problemas para dar con la forma de “relacionar de alguna manera” los dos temas esos… pero a la vista está que hizo un buen trabajo.
Ramón ahora anda muy ocupado ilustrando cuentos. Cuentos que, en ocasiones, él mismo escribe. Así que decimos que fuese yo quien escribiese estas líneas.
Afortunadamente, he tenido la suerte de colaborar con Andy en otros trabajos. Y de todos ellos me queda el mismo buen sabor de boca. Así que supongo que nos volveremos a encontrar.
¡Suerte, Andy!
Rafael Fatuarte.
PD. Espero, por mi bien, que Joaquín siga teniendo aquel buen sentido del humor…
Historia de aquí: Al día en una hora Visual Basic 4
En 1996 pasaron muchas cosas. La más importante para mí fue la publicación de mi primer libro.
Era más bien un librito, de 1281 páginas. No era el primero que escribía, tuve la mala suerte de entregar mi Al día en una hora sobre Visual Basic 3 justo cuando Microsoft lanzó Visual Basic 4. La nueva versión incluía tantos cambios que, sin la ayuda de cierto maurciano, hubiese sido complicado, si no imposible, entregarlo a tiempo.
La serie Al día en una hora, publicada por Anaya Multimedia e ideada por Grupo ROS2, era de lo más interesante. Fieles a su eslogan, te enseñaban “lo mínimo que debes saber para estar al día”. Costaban 495 pesetas (unos 3 euros) y cabían en un bolsillo.
Cada libro de la colección seguía un “tema” distinto que el autor podía escoger. Estaba claro por dónde tenía que salir yo, algo de ciencia ficción. En un derroche de imaginación me decidí por Star Trek. En breve os contaré más sobre las consecuencias de esta decisión. Mejor aún, dejaré que sea otro quien os lo cuente.
¿Cómo empezó alguien como yo a escribir para Anaya? Simple: por casualidad. Y porque soy un enrea. El primer año de universidad fue decepcionante, me imaginaba que sería algo parecido a lo que Cervantes describía en “El licenciado Vidriera“. Aunque, ahora que lo pienso, no recuerdo qué idea de la universidad tenía, sólo recuerdo haber hecho cientos de veces esta comparación. El caso es que, además de estudiando, me pasé el primer año intentando averiguar qué se escondía tras cada puerta del campus.
Una tarde, paseando por uno de los pabellones para despejarme de tantas horas en la biblioteca, escuché algo muy extraño, fuera de lugar: ¡alguien estaba tocando el piano! Era en uno de los despachos que no conocía. Me acerqué a la puerta sin saber que lo que iba a encontrar cambiaría mi vida para siempre. Si no recuerdo mal (que seguramente sí) allí se encontraba un señor cano tocando un teclado, otro con gafas jugando en un ordenador y otro alto mirándoles. El del pelo blanco me invitó a pasar y allí me hubiese quedado toda la tarde si no fuese porque tenía clase. Acaba de conocer a George3.
El despacho de George era el lugar más atípico de toda la politécnica. La puerta estaba siempre abierta para cualquiera que quisiese asomarse. En el laboratorio éramos bienvenidos los más enreas del lugar. Se trata de una época que recuerdo con especial cariño. Cuando casi nadie sabía qué era Internet allí estábamos nosotros, con Gopher, Mosaic, utilizando unos ordenadores muy raros llamados Macintosh, montando Linux en un ordenador que podría llamarse Frankenstein4pero que se llamaba MZ5. Para alguien como yo, que había pasado toda su vida en un pueblo de poco más de cinco mil habitantes, aquello era lo más cercano al paraíso que podía imaginarse. Era lo que yo pensaba que sería la universidad.
Así que, cuando la gente de Grupo ROS le preguntó a George si conocía a alguien capaz de escribir estos pequeños libros, él dijo que sí. Preguntó a su grupo de acólitos quiénes estarían dispuestos para la misión, dimos un paso al frente, nos repartimos los temas disponibles y quedamos en vernos una semana después para la entrevista.
En una de las prácticas de primero de carrera, en lugar de crear mi propio sistemas de menús aproveché para aprender a utilizar las Turbo Vision6. Hubiese tardado menos en programar lo que necesitaba, claro, pero aprender cómo funcionaba todo aquello fue una suerte porque el siguiente paso lógico era que te picase la curiosidad por Visual Basic. El tema que me tocó para la entrevista fue ese, claro.
No era ningún experto pero había jugado bastante con la versión 3 de Visual Basic, de manera que aproveché esa semana para empaparme a fondo, estudiar lo que no aún no había tocado del entorno de desarrollo y preparar un índice de contenidos con lo que yo creía que debía contener un libro de esas características. Tras siete días me encontraba preparado, seguro de mí mismo, capaz de responder a cualquier pregunta, de comerme el mundo.
Cuando llegamos al lugar de la entrevista estaba, no hay mejor manera de expresarlo, cagado. De pequeño, si me preguntaban qué quería ser de mayor, empecé respondiendo que “cocinero, para poder hacer la comida si mis padres se divorcian”. Tan joven y ya preocupado por comer. Con los años, el amor a la lectura me hizo soñar con ser escritor. Si la entrevista salía bien podría ser algo parecido, de ahí los nervios.
Lo cierto es que no sé muy bien si fue bien, mal, o si sólo necesitaban desesperadamente a alguien capaz de hacer el trabajo, me gustaría poder ver qué ocurrió en realidad. En cualquier caso, aquella entrevista me brindó la posibilidad de escribir. El resultado, el pequeño libro de 128 páginas que os presenté antes. Con él empezó todo.
Y esto os lo cuento, nietecitos, que parezco el abuelo Cebolleta con una de sus batallitas, porque un amigo mío, Rafa Fatuarte, me envió hace ya algunos meses otra parte de esta misma historia, mucho más interesante, y me pareció necesario ponerla en el contexto que viví antes de compartirla con todos vosotros.
Actualización: a esto me refería.
- Los libros de esta colección tenían todos ese número de páginas. Como informático, siempre me ha parecido algo curioso. [↩]
- Julián Casas y Joaquín Suárez a la cabeza, José María Delgado con ellos. [↩]
- Creo que esto ocurrió allá por 1992. Desde entonces somos amigos, posiblemente porque nunca ha sido profesor mío. [↩]
- Su monstruo, en realidad. [↩]
- ¿Por qué? Puede que por Mazinger Z, o quizá porque los dos primeros caracteres de los ejecutables EXE de Windows eran, precisamente, esos. [↩]
- Llamábamos a estas bibliotecas las turbovision. Alberto San Millán, compañero de fatigas, me prestó los manuales. Creo que fue la primera persona que conocí que pagaba por el software. [↩]
Sorpresa
Sólo en un día como el de hoy, que en sí mismo es ya una sorpresa, podía enterarme de esto:
Google’s other major asset -the PageRank patent- is, in fact, owned by Stanford University, but licensed exclusively to Google until 2011.
John Battelle en su libro The Search
Me pregunto qué pasará a partir del 2011…
The Search1, por cierto, es el libro que me voy a leer este año como parte de mi iniciativa de fomento de la lectura: un libro al año. Éste es ideal porque tengo un día más para leer, así que quizá lo consiga.
Libro que me han prestado: Blink por Malcolm Gladwell
Blink es un libro que llamó mi atención desde el primer momento por dos razones. Primero, porque soy un entusiasta del parpadeo. Segundo, porque es imposible que un subtítulo como “The Power of Thinking without Thinking” no te atrape. A fin de cuentas, hago la mayoría de las cosas sin pensar. Si gracias a este libro consigo pensar sin pensar alcanzaré el nirvana antes de lo previsto.
De la contraportada1:
Blink is about the first two seconds of looking–the decisive glance that knows in an instant. Gladwell, the best-selling author of The Tipping Point, campaigns for snap judgments and mind reading with a gift for translating research into splendid storytelling. Building his case with scenes from a marriage, heart attack triage, speed dating, choking on the golf course, selling cars, and military maneuvers, he persuades readers to think small and focus on the meaning of “thin slices” of behavior. The key is to rely on our “adaptive unconscious”–a 24/7 mental valet–that provides us with instant and sophisticated information to warn of danger, read a stranger, or react to a new idea.
Gladwell includes caveats about leaping to conclusions: marketers can manipulate our first impressions, high arousal moments make us “mind blind,” focusing on the wrong cue leaves us vulnerable to “the Warren Harding Effect” (i.e., voting for a handsome but hapless president). In a provocative chapter that exposes the “dark side of blink,” he illuminates the failure of rapid cognition in the tragic stakeout and murder of Amadou Diallo in the Bronx. He underlines studies about autism, facial reading and cardio uptick to urge training that enhances high-stakes decision-making. In this brilliant, cage-rattling book, one can only wish for a thicker slice of Gladwell’s ideas about what Blink Camp might look like.
¡Gracias, Davidgp!
- En realidad, está tomado de la página Web que Amazon dedica al libro, pero no quería dejaros sin un tercer homenaje a las entradas que escribe Davidgp. [↩]
Kindle: ¡sorpresa!
Me acaba de llegar una carta de un amigo. La parte más interesante es la siguente:
…
He conseguido llegar al parque con mi caja bajo el brazo sin que nadie me detenga. El trecho ha sido largo, menos mal que saqué antes todas las pastillas de jabón. Planto la caja en el primer sitio plano y sin piedras a la vista que encuentro, me subo y grito: “¡Me gusta Kindle!”.
La mitad de los que hay allí me miran con furia. Saben de lo que hablo y no se lo pueden creer. Indignados, buscan entre la hierba algo que poder tirarme. “Menos mal que fui previsor”. Frustrados, se largan a otra parte. No sé si el resto del auditorio tiene la más remota idea de qué es Kindle o, simplemente, están demasiado asustados para moverse. Aprovecho su perplejidad para continuar con mi arenga, antes de que recuperen el control de sus cuerpos.
“¡Compatriotas, el libro ha muerto!”.
“¡ESO NO TE LO CREES NI TÚ!”, me espeta uno de ellos. Tras meditarlo un momento llego a la conclusión de que tiene razón. Sus argumentos me han convencido. Me bajo de mi caja, la cojo con cuidado y emprendo el camino de vuelta a la celda. Espero no haber cogido frío.
…
Estoy pensando qué decirle a mi amigo. Lo primero, que no se puede salir en pijama al jardín.
Yo lo tengo claro, Kindle es un cacharrito interesante. Uno de los primeros a la venta en utilizar tinta electrónica, lo que puede abaratar los precios de otros dispositivos similares, aún por venir. Utiliza la red de telefonía móvil de una manera bastante interesante que puede abrir puertas a muchas otras aplicaciones. Aunque también tengo claro que no me lo compraría tal y como es ahora.
Sí que lo aceptaría como regalo. Lo dejó caer, por si alguien quiere darme una sorpresa.
¡Me lo llevo!
Préstamo
Es una pena tener libros tan buenos parados en la estantería:

- Las puertas de Anubis, de Tim Powers.
- Flores para Algernon, de Daniel Keyes.
- Pórtico, de Frederik Pohl.
- ORA:CLE, de Kevin O’Donnell, Jr..
Así que se los voy a dejar a un amigo para salvarle de otro libro que le han prestado.
También es una pena no poder volver a leerlos por primera vez…
(Mi primer) [Recibido] The Second Coming of Steve Jobs
¡Qué emoción, cada vez estoy más cerca de convertirme en un bloquero de pro! Pedro Jorge me ha regalado este libro, uno de los que estaba en mi lista de los deseos (¡gracias!):

Cualquier otro libro con un título como “El segundo advenimiento de Cristo Steve Jobs” podría resultar pretencioso, pero éste se queda corto. Steve Jobs (el personaje, no la persona) es excesivo en todos sus aspectos, perfeccionista hasta la médula y sí, un genio.
En The Second Coming… Alan Deutschman describe el vía crucis sufrido por un Steve Jobs caído, desde su aventura en NeXT hasta su vuelta a Apple, pasando por Pixar. Toda una aventura, también atractiva para los interesados en el mundo del higadillo.
Ah, sí, casi se me olvida, hay que poner una cita. Me voy a quedar con lo mal que lo estaban pasando en NeXT debido a los problemas que tuvieron durante el desarrollo del primer prototipo:
His people felt the worsening stress. When Steve took them to a resort for another “off-site” retreat, he put a transparency on the overhead projector. It was a list of the problems they faced. At the top, Steve had written “Deep Shit”. That wasn’t all. He removed the transparency and replaced it with another one: “Ankle Deep Shit”.
Cuanto más leo sobre el personaje Steve Jobs menos creo en el karma.
Neuromante, edición sudamericana

Mientras dure, aquí.
Y, hasta el 24 de junio, gastos de envío gratis para pedidos de libros que superen los 35 euros (y 5% de descuento) en Fnac.


















